Las restricciones de circulación impuestas por la polución pueden suponer el empujón definitivo para consolidar en Madrid el carsharing o uso compartido de vehículos, un fenómeno instalado ya en más de 600 ciudades de una veintena de países.

Desde su aparición en Suiza a finales de los años 80, esta apuesta por la movilidad sostenible ofrece una opción interesante para usuarios que no quieren renunciar a conducir puntualmente en ciudad, al tiempo que ayudan a reducir las emisiones contaminantes.

Cero emisiones

El carsharing supone un ahorro medioambiental ya que alivia la densidad del tráfico. Además, beneficia la economía de los usuarios, un coche puede pasar alrededor del 97 % de su vida útil aparcado lo que, sumando precio, seguros, combustible, impuestos, mantenimiento y aparcamiento, cuesta más de 5.000 euros al año, de los que el automóvil compartido permite ahorrar entre 2.000 y 4.000.

El problema del estacionamiento

El estacionamiento es otro punto fuerte de la opción colaborativa pues ayuda a paliar la falta de aparcamiento en el centro de la ciudades. Por ejemplo, en Madrid, los conductores pierden una media de 20 minutos cada vez que quieren aparcar y un 32 % de las multas que afrontan son por estacionar incorrectamente.

Estos problemas se reducen al utilizar algunos vehículos compartidos. Siguiendo con el ejemplo de la capital, los usuario de carsharing no pagan el Servicio de Estacionamiento Regulado y tienen permiso para acceder a las áreas de prioridad residencial y zonas de circulación limitada, como la Gran Vía durante las fiestas navideñas.

Fuente: Agencia EFE